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Todas las vidas convergen en “un recuerdo después del Holocausto”.

La obra de Samuel Rotter Bechar y Carolina Perelman se estrenó éste viernes en el Teatro Pradillo y busca un distribuidor que lleve ésta transformadora historia a tantas salas como sea posible.


Un póster para la historia.

'Un recuerdo después del holocausto' nace a partir del laboratorio de investigación de Juan Mayorga. Una obra inspirada en la historia de Ana Rzchete y Zygmunt Rotter, dos sobrevivientes del holocausto - abuelos del autor de la pieza - que se conocen ocho años después de la guerra en París.

Pero lo que a primera instancia parece ser una simple historia de amor, se vuelve una reflexión acerca del pasado y la memoria de ambos. Vemos como el recuerdo de ese primer encuentro muta y se transforma con el paso del tiempo, revelando en el camino las historias trágicas de sus pasados y la manera que lograron salvarse el uno al otro.


No sabemos si Rotter y Perelman sabían lo que estaban creando, pero es posible que el pasado 18 de Junio hayamos acudido al Teatro Pradillo a presenciar el nacimiento de un clásico instantáneo. 'Un recuerdo' surge del holocausto - irónica y trágicamente - pero es toda la vida o todas las vidas, con sus gozos y amarguras. De manera magistral y nunca líneal, el encuentro entre Ana y Zygmunt en un bar de París nos lleva al nacimiento del amor, nos habla de la prometedora Latinoamérica de la postguerra, de la decadente Europa de entonces (con excepción de Francia), de los traumas del holocausto, de la importancia del vino y el queso, de la esperanza y de la superpotencia venezolana, del amor familiar, del Miami del exilio... es como si esa pareja, sin nunca quererlo obviamente, termine representando las vueltas que da la vida y sobretodo la vida que dan las vueltas. Es imposible no identificarse y ser golpeado en algún momento por al menos uno de éstos recuerdos.


Ana Rzchete y Zygmunt Rotter (Instagram: @samuelrotterb)

Y todo lo anterior, gracias al recurso del flashback, quizá más utilizado en el cine, pero que llevado al teatro y gracias a una puesta en escena y una musicalización excelsas se convierte en una auténtica experiencia que todo amante de las artes escénicas necesita vivir.


Sara Batuecas (quien además de actriz es fotógrafa e ilustradora) conduce la historia como Ana, la mujer de los recuerdos. Una auténtica camaleona gracias al propio paso del tiempo y a cómo se percibe así misma cada vez que se recuerda. Un enorme reto actoral digno de cada aplauso.


Franko Sakkal, como Zygmunt, si bien parece no tener el mismo recorrido actoral de Batuecas, logra seducir al público como lo hace con Ana. De seguir preparándose, Sakkal podrá con todo lo que se le presente. El porte ya lo tiene.


Samuel Rotter Bechar y Carolina Perelman, autores y directores.

A su lado, Fran Martínez, un personaje que se presenta prácticamente como un figurante, pero que termina siendo Dios, narrador, vida y muerte.


Y haciendo el perfecto balance dramático, unos maravillosos actores para unos maravillosos personajes: Fernando Bodega y Ángela Aguilar dando vida a dos testigos de aquél encuentro, el Arlequín y la Colombina que terminan de dar forma clásica a la narrativa. Fernando estupendo como un desenfadado personaje gay y Ángela rotunda como una chica al parecer demasiado "liberada" para la época.


Pocas obras son capaces de encontrar tantos matices y suscitar tantas emociones como 'Un recuerdo después del holocausto'. El mundo entero merece apreciarlo por sí mismo. Larga vida a Ana y Zygmunt. Larga vida a Carolina y Samuel.