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Lana del Rey: pura lujuria de vida


Si hay un título que Lana del Rey podría tener y que sus fans han pasado por alto colocarle, ese podría ser sin duda el de "Reina del hype". Como buena hija de la generación selfie, Lana ha aprovechado como nadie el uso de las redes sociales, entre otras herramientas, para colocarse como icono absoluto de la década de los 10.

Ya en el verano de 2011, tomó por asalto la internet con su autodirigido vídeo "Videogames", el cual rápidamente se convirtió en la delicia de los hipsters, esa generación que buscaba en las páginas de revistas alternativas de internet (¡Ooops!) a su nueva musa. Cuando "Born to Die", su álbum debut, vio la luz, prácticamente no había ninguno que no la hubiese sacralizado.

Exactamente dos años después, y luego de una de las carreras más productivas que haya tenido álbum alguno (más de mil derivados entre remixes, reworks, EP's, singles, maxisingles, covers, homenajes, mashups, samples...), Lana anunciaba el fin de la era de una manera bastante inusual para entonces: lanzando "Trópico", un mediometraje con (prácticamente) los únicos tres sencillos que no había tocado de su álbum. Lo hizo por todo lo alto, en un cine de Hollywood, y aprovechando la presencia de fans y periodistas para anunciar su siguiente álbum "Paradise".

Más de seis meses pasaron para que el álbum saliera a la venta, el hype se incrementaba con la participación en otros proyectos (La banda sonora de "Maleficent", por ejemplo) y las fotos a cuentagotas en instagram sobre el proceso creativo. La producción de Dan Auerbach, era esta vez la causa de la intriga.

Nuevamente (nos saltamos "Honeymoon"), Lana lo ha vuelto a hacer. Hace meses - que en esta época parecen siglos - lanzó "Love", el primer sencillo promocional del álbum que hoy nos toca: "Lust for Life". El sencillo fue acompañado por un vídeo (Lana es a YouTube lo que Madonna o Björk fueron a Mtv) que colapsó las redes. El aplauso fue unánime. "Love" se convirtió en un himno (sí, para los hipsters o como se llamen ahora). El tema que el mundo de la era Trump necesitaba.

Luego siguió el teaser promocional más raro que podría hacerse para un álbum musical: uno donde había de todo menos música del álbum a promocionar. El hype continuaba.

Tras Coachella, Lana volvió a demostrar su inteligencia social colgando un vídeo en instagram componiendo una canción al salir del festival. Lucía desolada. Todo el mundo hablaba de su tristeza. Poco tiempo después lanzaba "Coachella, Woodstock in my mind" y nos desolaba a todos. Es la mejor canción del álbum. El tema del año: "¿Qué será de nuestros hijos, y de los hijos de nuestros hijos? ¿Y qué será de esas niñas que van a mis conciertos con sus coronas de flores? ¿Y qué será de sus sueños enredados en sus guirnaldas multicolores?" (Traducción libre). Si alguien no se ha hecho esa pregunta este año, no es humano.

Luego vendría una sorpresa aún mayor: la primera colaboración de Lana para un tema propio, el mismo que da título al álbum. El elegido para romper su paradigma de cantante solitaria no podía ser otro que The Weeknd, con quien había coescrito e interpretado los trabajos previos del "Starboy". La canción nos sedujo inmediatamente, aunque el vídeo decepcionó bastante. "Lust for Life" es porno para los oídos. Fácilmente podemos llegar al extásis sólo escuchando a estos dos pedirse uno al otro que se desnude. Pura lujuria de vida.

Y ya como antesala, apenas unos días antes del lanzamiento, Lana regaló a sus fans dos sencillos el mismo día, "Groupie Love" y "Summer Bummer", dos colaboraciones con el rapero ASAP Rocky, quien apareció en el clásico de su primer álbum "National Anthem" como protagonista del vídeo acompañante. Como si Lana hubiera preparado el camino a sus colaboraciones durante cinco años.

Ya como platos fuertes (¡Aún más! ¡Esto es como un banquete árabe!) para quienes compraron el álbum, Lana dejó algunos de los temas más "hypeados" a través de sus entrevistas promocionales: sus colaboraciones con Stevie Nicks ("Beautiful People, Beautiful Problems"), Sean Ono Lennon ("Tomorrow Never Came") y algunos otros que los primeros en escucharlos ya calificaban como clásicos instantáneos ("God Bless America... and all the beautiful women in it" y "Tomorrow never came") ...

Justo cuando estos temas aparecen (Lana demuestra una sabiduría excepcional colocándolos todos uno tras otro) advertimos que estamos ante una obra maestra. "Coachella/Woodstock..." abre el set, contextualizando al escucha: en una temporada de festivales, vuelve a haber guerras y problemas en las fronteras. ¿Qué será de nuestros hijos? Entonces aparece una oración "God Bless America and all the Beautiful Women in it", es decir, aquéllas chicas que van a sus conciertos con sus sueños enredados en coronas de flores. Luego, brinda un poco de esperanza: "¿Es éste el final de una era?, ¿Es este el final de América? No", asegura en "When the World was at war we kept dancing". Un himno sobre la necesidad de mantenerse feliz en los momentos más oscuros, aunque sea bailando con la persona amada.

"Beautiful People, Beautiful Problems", por el contrario, parece cantarle a aquéllos quiénes nunca toman una posición con respecto a lo que sucede alrededor. Para las personas hermosas, lucir bien siempre será lo más importante.

Por último, un final desgarrador "El mañana nunca llegó", un homenaje - tan raro colo todo lo que hace Lana - a Lennon y a Los Beatles. No esperes a ser feliz cuando las cosas mejoren, quizá el mañana nunca llegue.

Es verano y por ahora quizá lo mejor que podamos hacer sea destapar una botella de vino, tomar a nuestra persona amada y bailar escuchando "Lust for Life".

(5/5)

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