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Kaouther Ben Hania: cuando eres un refugiado debes vender algo de tí para poder sobrevivir.

El próximo 4 de Abril se estrena en España 'El Hombre que vendió su piel', la controversial representante de Túnez por el Óscar 2021 a la Mejor Película Internacional. Gracias a nuestros amigos de Surtsey Films hemos tenido el enorme honor de conversar con su directora Kaouther Ben Hania sobre algunos de los tantos temas que aborda en su obra maestra: desde el mercado del arte contemporáneo, eurocentrismo y crisis de refugiados... hasta telenovelas tunecinas.

(AFP Photo)
(AFP Photo)

Viene de:

- ¿Venderías tu piel por una visa? ¿Cuál es el límite del artista contemporáneo? Querida Kaouther, ante todo muchas gracias por tomarte tu tiempo para responder a esta entrevista. Podríamos pasar la vida entera conversando sobre 'El Hombre que vendió su piel', porque son muchas las capas que trabajas, pero trataré de sintetizarlos al menos en una pregunta por cada una de ellas.

¡Qué interesante! Vamos a ello...


A comienzos de la película hay una escena clave, pues es el planteamiento del problema: Jeffrey (Koen De Bouw) explica a las cámaras su proyecto con Sam Ali (Yahya Mahayni): darle valor comercial convirtiéndolo en arte/mercancía que le permita viajar libremente, algo que como ser humano no puede. ¡Es terrible! ¿Cómo llegaste a éste concepto? Todo comenzó en 2011, yo estaba en París visitando una exposición del artista belga Wim Delvoye, y me encontré de frente a su famosísima obra 'Tim': un hombre real luciendo en sus espaldas un tattoo, allí en uno de los museos más famosos del mundo, el Louvre. Ésta exhibición ('Stay with me') fue el germen de ésta idea y comencé enseguida a escribir el guión sobre un hombre cuyo trabajo es exhibirse como pieza de museo. Mientras seguía dándole vueltas a aquélla historia (2 o 3 años después) conocí a un grupo de refugiados sirios, todos con la misma historia en común: los problemas con sus papeles para poder moverse de un lugar a otro; para conseguir su visa. Fue entonces cuando éstas dos ideas se unieron en mi mente para crear éste concepto. Entonces, ésta escena cuando Jeffrey está explicando su idea, la obra de arte en la que planea convertir a Sam Ali, yo la pensé como un trato faustiano. ¿Qué pasa con un trato faustiano? El diablo no compra tu alma, pero compra tu espalda, tu piel. Así que sí, todo comenzó así.


Tim, durante su primera exhibición en el museo Mona de Hobart, Tasmania (Studio Wim Delvoye)
Tim, durante su primera exhibición en el museo Mona de Hobart, Tasmania (Studio Wim Delvoye)

Yahya Mahayni y Koen De Bouw son dos actores magistrales que dan vida a un Ying-Yang perfecto: el artista inescrupuloso y la obra de arte sumisa que posteriormente cobra vida por sí misma. ¿Cómo llegaste a ellos y cómo fue tu experiencia dirigiéndoles? Efectivamente, Yahya Mahayni y Koen De Bouw son maravillosos. Tuve la fortuna de dar con Yahya después de un largo casting, ya que quería trabajar con un actor que realmente fuera sirio. En cuanto a Koen De Bouw, al ser una coproducción con Bélgica, fue una propuesta de mi productor, la cual no pudo ser mejor. Mahayni [quién ganaría como Mejor Actor en el Festival de Venecia 2020] no era un actor profesional. Es sorprendente decir ésto porque tiene el rol principal, pero él es de ésta especie de "actores natos". Antes de ésta película sólo había realizado unos dos cortometrajes de estudiantes. Del lado opuesto, De Bouw es un experimentado actor belga, una especie de estrella en su país, con una larguísima trayectoria. Así que en la historia tenemos a éste chico que prácticamente no tiene ninguna idea real sobre arte o cine, Sam Ali (Yahya Mahayni) frente a un personaje/actor que se las sabe todas. Y ésto encajaba perfectamente con la narrativa. Al principio creamos ésta relación extremadamente desigual que poco a poco, y no quiero "spoilear" mucho, vemos cómo se va equilibrando cuando el artista va aprendiendo a respetar a su propia "obra de arte".


Me encanta la transparencia de tu guión: ¡los mismos personajes nombran las referencias que utilizas en la película!: Mefisto, Pigmalión, Aladino (algo que deducimos en la conversación sobre la Alfombra Mágica). ¿Alguna otra referencia que te haya inspirado a dar forma a tu historia? (Risas) ¡Amo la mitología y las viejas historias! Esa es la razón por la que traigo éstas referencias a Mefistófeles, Pigmalión o la Alfombra Mágica a la película. Pero mi principal inspiración como ya te conté fue sin duda el 'Tim' de Will Delvoye. No es una vieja historia ni el resignificado de un mito, es un mito totalmente contemporáneo. Ni siquiera es un mito, es algo real, pero cuando lo conoces es tan extraño [¡un hombre que vende su piel!] que no puedes creer que en verdad esté sucediendo.


La estructura transversal de 'El Hombre que vendió su piel' es el arte contemporáneo como cumbre del capitalismo. ¿Es tu opinión sobre el arte contemporáneo tan severa?, ¿Puede existir aún un arte no comercial? El arte, a través de la historia, siempre ha estado conectado al poder. El arte comenzó en los templos de Mesopotamia y Grecia, en las pirámides de Egipto... incluso en la historia occidental está estrechamente ligado a la Iglesia (El Vaticano) o una de las familias más ricas que haya conocido la historia, Los Médicis. Entonces, el arte y el poder van de la mano, por la inmensa fuerza que ambos suponen. Hoy día, el arte contemporáneo está estrechamente ligado al capitalismo, el sistema triunfante en el mundo. En éste sentido, la película es una crítica al mercado del arte, no al arte en sí mismo. El mercado del arte es un buen ejemplo del capitalismo, que en éste caso trata con conceptos y sentimientos en lugar de bienes materiales, lo cual hace más "tricky" (complicada) ésta relación. Ahora, sobre tu pregunta ¿puede existir un arte no comercial? Puede existir pero sería siempre un arte marginado. Tú puedes hacer arte por arte, pero ¿cómo puedes ser reconocido como artista? Por el valor de tu obra. ¿Y cómo precisas éste valor? En el mercado del arte. Así es como funciona: el arte y el poder están y estarán siempre conectados.


Yahya Mahayni contaba en alguna entrevista que no quería que la película se viera como un enfrentamiento Oriente-Occidente, a pesar de que Sam Ali y Jeffrey en cierta manera son como una metáfora de éstos. Sin embargo, yo soy de Occidente y no me importa que sea así. De hecho me encanta y aplaudo la valentía de mostrarlo. ¿Cuál es tu opinión personal sobre el eurocentrismo y la crisis de los refugiados? Quizá no es una confrontación como Yahya dice, sería más bien una forma en cómo ésta relación está construida. Cuando hablas de eurocentrismo tenemos que tomar en cuenta que Europa y todo occidente es la cultura y la civilización más poderosas que existen hoy día. Todos pertenecemos a occidente así estemos en éste lado geográfico del mundo o no, porque toda nuestra imaginación, toda nuestra educación, está formada por toda la ciencia, la cultura o el cine producido en Occidente. El punto está en que no todos tenemos el mismo estatus que los occidentales. Y eso se ejemplifica en el pasaporte. Si no tienes el pasaporte correcto, no tienes la vida correcta. Ésto se hace más obvio con los refugiados y lo vemos hoy día con los ucranianos. Ellos son europeos y en Europa no ha habido ninguna polémica con darles la bienvenida, como sí sucedió con los sirios, pues éstos siguen siendo considerados "los otros". Entonces tú tienes todos éstos elementos políticos, que son hechos, para usarlos en tu historia, porque aunque tú no estés hablando de una confrontación, tienes todos éstos factores jugando alrededor de una relación entre un refugiado y un hombre proveniente de un país muy rico. Yo pienso que el cine es político y tú tienes que estar muy consciente de la relación entre tus personajes y su estatus social. Es algo que no puedes evadir.


Sam Ali vende su piel para que otro hombre la utilice como lienzo, material de trabajo. Quizá en la realidad otros refugiados tienen que vender su piel para otros usos y propósitos no tan artísticos. ¿Buscaste éste elemento poético para no ser quizá tan obvia? Estoy totalmente de acuerdo. El tráfico humano sigue siendo una de esas realidades, por ejemplo. Personas traficando con otras personas. Es una de las principales obviedades de las que hablamos cuando pensamos en refugiados. En cuanto a nuestra película, tú tienes a Sam Ali que vende su piel, pero también tienes a Abeer (Dea Liane), quien debe vender su cuerpo casándose con un hombre a quien no ama para poder huir de su país. Definitivamente cuando tú estás en "modo supervivencia" como lo está un refugiado tú debes vender algo de tí para sobrevivir. Es un duro destino del que no puedes escapar.


Ahora... pongámos un poco más ligeros. Espero no meterme en un problema contigo (risas): otra de las líneas narrativas que cuentas es justamente ésta gran historia de amor entre Sam Ali y Abeer, la cual percibo con un gran espíritu de telenovela tunecina ¿Fue a propósito?, ¿te gustan las telenovelas? Por cierto, una de ellas, “Al Harqa” trata justamente el tema de los refugiados tunecinos en éste caso en Italia. Te confieso que no soy muy fan de las telenovelas (risas). Pero ciertamente, es algo en lo que no puedes evitar cuando hablas de nuestra cultura [las telenovelas son el mayor producto cultural de Túnez. En plena cuarentena por el COVID, el gobierno - su principal productor - ordenó que no se detuvieran las grabaciones de las mismas, para entretener a las personas y evitar que salieran a la calle]. Creo que es un fenómeno interesante de estudiar y usarlo como herramienta. La base de 'El Hombre que vendió su piel' es una historia de amor. Porque también tenía que pensar qué llevaría a Sam Ali a decidirse a vender su piel y pensé que tenía que ser su necesidad de reunirse con Abeer la que lo llevaría a sellar éste pacto. Para mí era una idea hermosa que en el fondo lo que lo llevara a hacer tal locura fuera el amor. Cuando pienso en mi personaje (Sam Ali) pienso en un ser romántico, impulsivo, listo para hacer cualquier sacrificio por amor.


Foto: Fethi Belaid
Foto: Fethi Belaid

Finalmente, Kaouther... eres historia. Una de las pocas mujeres que ha visto su película nominada a un Premio Oscar. ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Qué les dirías a esas chicas árabes que quieren contar sus historias a través del cine? Yo pienso que necesitamos muchas más voces de cualquier parte del mundo, no sólo de países árabes. Voces poco oídas. Como te dije al principio de tu entrevista, la narrativa occidental está "configurada" para un mismo protagonista: hombre, blanco, heterosexual... pero la gente está sedienta de nuevas historias, conocer otras realidades provenientes de nuevos países a los que estamos acostumbrados... y sabemos que es así cuando viajamos y recibimos el feedback de otras personas. Lo importante es siempre que la historia esté bien hecha y bien contada. Yo creo que las mujeres del mundo árabe tienen muchas historias que contar, más allá de su género y su ubicación geográfica, no sólo sobre sí mismas, sino sobre cualquier tema, simplemente visto desde su perspectiva y su personalidad estética.