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Japón vibra al ritmo del Fuji Rock Festival


Este agosto, Japón está en los ojos y oídos del mundo del arte y la música. Apenas el fin de semana pasado hablábamos del Reborn Art Festival (que continuará hasta Septiembre) e inmediatamente tuvimos que hacer una pausa para dirigirnos al Fuji Rock Festival, que congregó sólo durante tres días a aventureros de todo el mundo en la montaña más emblemática de Japón, para disfrutar de uno de los eventos musicales más "místicos" que puedan suceder en el mundo.

Entre millones de árboles, en lo alto del majestuoso Fuji San, entre leyendas y mitos, se realiza cada año este fantástico evento: el calor veraniego contrasta con las torrenciales lluvias y la energía de la juventud choca con este mar de árboles cargado de leyendas de muertes, suicidios, espíritus y seres sobrenaturales; por si fuera poco el contraste algunos lo hacen más gráfico: mientras unos van con sus shorts y camisetas, otros optan por kimonos y yukatas. Japón es un país de contraste y ésto se nota incluso en eventos de talla internacional como éste.

Evidentemente, subir al Monte Fuji, no es lo mismo que tomar un autobús, el metro o el coche para ir a Coachella, Glastonbury o el Sónar; así que otra de las particularidades de éste concierto es ver el campamento que se organiza para convivir durante un fin de semana con músicos y cantantes venidos de cualquier parte del mundo.

Este año, el cartel ha sido tan exótico como podrías imaginarlo de una selección japonesa. Pero, sin duda, un deleite para todos los orientales amantes de la música alternativa llegada de occidente.

Arca, el genio venezolano de la música electrónica, junto a la banda británica Gorillaz fue la gran estrella internacional encargada de abrir y enloquecer al evento. Tras una intensa mezcla de calor-lluvia-frío, neblina y en la oscuridad más intensa, el ícono gay apareció con una cola de caballo (literal, no con el cabello recogido) para cantar y conmover a la audiencia con sus desgarradores temas.

La maravillosa voz de Damon Albarn y sus compañeros reales y virtuales corroborarían al Fuji Rock Festival como evento musical Clase A. Mientras figuras jóvenes como Maggie Rogers y Asgeir y le darían el toque juvenil y alternativo necesario para demostrar que es un festival abierto a reconocer y mostrar el talento de nuevos artistas.

Y si Björk abrió el show, su Hada Madrina, Björk, sería la encargada de cerrarlo... el venezolano repetiría escenario, pero esta vez, como un duende, haciendo lo suyo como músico/productor/corista invitado. Irónicamente, pocos artistas pueden representar tanto a Japón y su cultura como la cantante venida de la gélida Islandia: su estética, su voz, su vestuario, su música... toda su "Vulnicura" parece abrazarse y volverse única con la montaña del Señor Fuji. Una experiencia mística, sublime que siempre será recordada por los asistentes como uno de los momentos más mágicos que seguramente habrán podido vivir.

Hasta un próximo Fuji Rock Festival...

(Imágenes: Kenta Soyoung)

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