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Pablo Sola emprende camino en solitario en 'Transhumana'.

Desde éste jueves 1ro. de Junio hasta el próximo 13 de Agosto, la galería Visión Ultravioleta de Madrid expone el trabajo en solitario del que quizá sea el fotógrafo más importante del arte contemporáneo español.


Cristina García Moreno

“Trans-humano” enfatiza el modo en el que el transhumanismo va mucho más allá del humanismo, tanto en medios como en fines. El humanismo tiende a confiar exclusivamente en los refinamientos educativos y culturales para mejorar la naturaleza humana, en tanto que los transhumanistas quieren aplicar la tecnología a la superación de los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética. Los transhumanistas no ven la naturaleza humana como un fin en sí mismo, ni como perfecta, y ni como poseedora de ningún derecho a nuestra lealtad. Por el contrario, no es más que un punto en un camino evolutivo y podemos aprender a reconfigurarla de formas que estimemos como deseables y valiosas. Mediante la aplicación meditada y cuidadosa, pero también audaz, de la tecnología a nosotros mismos, podemos llegar a ser algo que ya no podamos describir adecuadamente como humano; podemos llegar a ser posthumanos.

Max More (2013, p.4.)

En cine, en literatura y en ciencia podemos encontrar todo un desarrollo del transhumanismo. Una filosofía que se solapa con tesis tecnológicas y político-sociales, una utopía y una distopía desarrollada en narrativas de ciencia ficción que para muchos es un futuro muy próximo, como indica Max More.

Los estudios sobre transhumanismo tienen la opinión dividida entre “La idea más peligrosa del mundo”, Francis Fukuyama, y, por otro lado, quien piensa que es un “movimiento que personifica las más audaces, valientes, imaginativas e idealistas aspiraciones de la humanidad”, como Ronald Bailey.

El punto de partida es un biomejoramiento gracias al cual seremos eternamente jóvenes, buenos y brillantes, el cual será moralmente necesario pues nos dotará de una vida más satisfactoria y fructífera, un mejoramiento como terapia, como ya sucede en medicina con prótesis o vacunas.


De este modo, atrae a la población de países más desarrollados para satisfacer deseos un tanto difusos que el transhumanismo ha tenido la habilidad de centrar en objetivos que parecían fuera de nuestro alcance, que se presentan como seguros y de disfrute irrenunciable para quienes buscan novísimas formas de consumo o estar simplemente al día respecto a lo que la tecnología marca como la siguiente oleada de avances. Se convierte así en el único proyecto de salvación laica, se recupera así la confianza en el poder de la mente humana como garante del progreso material y de un futuro mejor, como apunta Dieguez.

Así nace el proyecto “Transhumana” (2021), de Pablo Sola, quien nos habla de la identidad desde la mirada queer encerrada en sus personajes, creados como quien mezcla esencias para realizar un perfume. Lo queer avanza hasta un mundo cibernético, mitológico y extraterrestre, donde el transhumanismo ya está instaurado.

En este nuevo mundo, están producidos a través de la ironía y las paradojas neoliberales desde donde obtienen su etiqueta, la instrucción de uso y los ingredientes necesarios que, de modo encubierto, les crea a imagen y semejanza de lo que deberían ser.

Con una evidente fragilidad de la identidad están en plena búsqueda del olor propio, libre del imperativo hegemónico de ser y de estar que gobierna el mundo contemporáneo. Quieren ese perfume que permita que los demás les reconozcan y que garantice el dominio del espacio discursivo y, en el que, lo que no se puede reconocer por el olor (propio), entonces no existe.

Las obras de Pablo Sola nos llevan a ese futuro próximo, donde desearemos alcanzar una nueva identidad a través de la tecnología, de la manipulación y la alteración del individuo llegando a ser seres híbridos, donde lo poshumano es lo establecido y lo queer forma parte de lo normativo.