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Marc Chica i José nos da una lección de nuevo cine documental con 'Made in China'

El cineasta catalán y su equipo han conseguido 8 nominaciones a los Premios Goya con su ópera prima.

Yῡ Liang Yuan, protagonista de 'Made in China' en un still del documental.

Se acercan las fiestas del año nuevo chino y Yu Liang Yuan (21 años) viaja desde la colonia industrial donde reside en Shenzhen hasta su pueblo natal en Henan (en el interior del gigante asiático). Pero estas no son unas fiestas habituales. Este año, su visita se presenta crucial para su futuro y el de su familia. Yu Liang Yuan espera comprometerse con una antigua compañera de clase con la que lleva un año saliendo a distancia. Ésta es la sinopsis del documental 'Made in China', el valiente retrato de una historia de superación personal y auto-aceptación en un país donde una generación sin voz lucha por la oportunidad de ser ellos mismos. ¿El dato curioso? 'Made in China' es la ópera prima del catalán Marc Chica i José (Barcelona, 1993), cuya osadía le ha valido nada menos que 8 nominaciones a los Premios Goya 2021, incluyendo Mejor Película, Mejor Película Documental y Mejor Director Nóvel.


Con Marc tuvimos la oportunidad de conversar ésta semana, largo y tendido, sobre el proceso de realización de un documental, el inesperado y temprano éxito, la importancia del trabajo en equipo y sus nuevos proyectos.


Marc Chica i José.

¡Hola, Marc! Enhorabuena, acabas de conseguir 8 nominaciones a los Premios Goya en todas las categorías importantes (Mejor película, mejor película documental, mejor dirección novel, mejor música original (David Giró Fortuny), mejor dirección de producción (David Delgado Pons), mejor dirección de fotografía (Pep Bosch), mejor montaje (Néstor H. Ruano), y mejor sonido (Anxo R. Villar y Daniel Zacarías)... ¿cómo te sientes? Para todo el equipo ha sido un privilegio poder llegar a tener ocho candidaturas con un documental. Nos anima a seguir trabajando y a pesar de que aún nos quede mucho camino por delante, queremos poner el foco en el futuro y pensar mucho más en grande. ¿Y cómo es que a un chico de Barcelona se le ocurre ir a rodar a China?  'Made in China' fue una idea que surgió justo al final de mis estudios cinematográficos en la ESCAC. Desde hace muchos años, en mi familia hemos tenido una estrecha relación con China, a raíz de necesidades que aparecieron hace ya quince años en el trabajo de mi padre. Por lo que desde que yo era adolescente ha sido una realidad bastante común en casa. Me di cuenta de que en occidente prácticamente no conocíamos nada de ese país que, por otro lado, está tan presente entre nosotros, impreso en casi todo lo que nos rodea con el famoso “Made in China”, y quería dar a conocer esa realidad.


Yῡ Liang Yuan, protagonista de 'Made in China' en un still del documental.

De ese modo, la idea de hacer un documental sobre la sociedad china fue tomando forma en mi cabeza, hasta que un año, tras volver mi padre de las fiestas del año nuevo chino, a las que un amigo y trabajador suyo le había invitado a pasar en su pueblo natal junto a su familia, me di cuenta de que ese era el marco perfecto para comprender esta cultura y el país. Allí nació por primera vez la idea de hacer el documental. Pocas semanas más tarde, recibimos el encargo de hacer una publicidad en China y volé allí con parte del que más tarde sería el equipo del documental, Pep Bosch i Calvo (director de fotografía) y David Delgado Pons (director de producción). Durante los ratos libres me dediqué a rodar imágenes con la intención de hacer un teaser que nos ayudase a levantar el proyecto. Y fue durante el montaje de ese teaser que la idea del documental se fue perfilando y al montador Néstor H. Ruano se le ocurrió coger el concepto de “descubrir lo que hay detrás del Made in China” para crear el título. Así nacía nuestra película.

El equipo principal de ‘Made in China’: Marc Chica I José, Pep Bosch Anxo R. Villar y David Delgado.

¿Y cómo conseguiste reunir ese equipazo? La verdad es que me siento muy afortunado por el equipo que he tenido, no podría haber imaginado uno mejor. Siempre he creído que lo más importante es rodarte de gente mejor que tú y sin lugar a duda todos ellos lo son. Por un lado, con Pep Bosch i Calvo (Director de Fotografía) y David Delgado Pons (Director de Producción) ya habíamos formado equipo desde los inicios de la carrera universitaria y desde casi el primer día, cada uno ya en los roles que aún hoy día mantenemos, Pep en la fotografía, David en la producción y yo en la dirección. Con Pep siempre nos hemos entendido excelentemente bien, ambos hemos compartido siempre un gusto estético y narrativo muy parecido y después de trabajar juntos tantos años y en tantos rodajes, ya prácticamente no es ni necesario hablar durante el rodaje. Con sencillos gestos somos capaces de comunicarnos altura, posición y eje de cámara e incluso el valor de las ópticas. Eso nos fue genial a la hora de rodar el documental, puesto que debíamos crear la planificación al mismo momento que las cosas ocurrían ante nuestros ojos.


Pep Bosch i Calvo (Director de Fotografía)

Además, Pep es, a mi entender, probablemente una de las mayores jóvenes promesas que hay actualmente en el mundo de la fotografía, su gusto es exquisito y su habilidad con la cámara extraordinaria. Justo se ha graduado en la prestigiosa NFTS (National Film & Television School) del Reino Unido en un máster de fotografía, ¡no veo el momento de volver a rodar con él! David siempre ha sido mi compañero de viaje en el mundo de la producción, creo que es un excelente director de producción y actualmente somos socios en Limmat Films. Tiene lo que yo le llamo “aptitudes de bombero”, que es esa capacidad innata de resolver problemas a último momento y bajo la máxima presión, sacando soluciones de hasta debajo de las piedras, vamos, el trabajo de todo buen productor.


David Delgado Pons (Director de Producción), produciendo.

Luego se incorporó el montador, Néstor H. Ruano, lo cierto es que prácticamente empezamos a trabajar juntos al tiempo que nacía el proyecto. Nuestra primera colaboración juntos fue justamente para el montaje de la publicidad que habíamos rodado en China y de allí saltamos a hacer el teaser del documental. Desde el primer momento conectamos extraordinariamente bien y desde entonces no tuve ninguna duda, ¡él era nuestro montador! Néstor tiene lo que yo más valoro en la sala de montaje, la capacidad de reformular, reinventar y reinterpretar el material que le llega del rodaje. Podríamos decir que Néstor tiene un pequeño director dentro que es un as de la narrativa, algo que le hace extraordinario a la hora de proponer nuevas formulas e incluso poner en tela de juicio cosas que parecían intocables. Además su trabajo en “Made in China” ha sido extraordinario y desde entonces ya no nos hemos vuelto a separar.


Néstor H. Ruano (montador)

Justo después entró Anxo R. Villar, nuestro sonidista. Nos conocíamos de la carrera, pero nunca habíamos colaborado, pero pocos meses antes de emprender el viaje a China trabajamos juntos por primera vez en un cortometraje y quedé enamorado de él. Anxo es un profesional de los pies a la cabeza y un auténtico “pejigueras” no solo es buen técnico sino un gran creativo que le busca las vueltas a todo. No hay un solo efecto sonoro que no tenga un porqué y que entrañe un mensaje detrás. Recuerdo que cuando le propuse ir a China no sabía que responder, aun no nos conocíamos mucho y me pidió unos días para pensárselo, pero a la mañana siguiente me llamó y en esa jerga de tratarnos de usted que siempre hemos usado el y yo, me dijo: “Maese Marc Chica, que sí, ¡que me vengo a China con usted!”. No pude recibir una mejor noticia.


Anxo R. Villar (sonidista)

Su trabajo fue extraordinario, aparte de todas las dificultades técnicas tuvo la capacidad de comprender, analizar y plasmar en su trabajo el mansaje que queríamos dar en algo aparentemente tan “técnico” como el diseño de sonido de un documental. Incluso llegó a pedirme una sesión de preguntas con el protagonista que le traduje para explorar los recuerdos de su infancia y en un momento concreto del documental usarlos para crear una ambientación sonora que a él le recordase ese tiempo pasado. Algo, simplemente digno de un genio. Una vez teníamos la pieza ya en sala de montaje entró Antaviana Films, la casa de postproducción de la mano del colorista Jordi Bransuela. Jordi había sido profesor nuestro en ESCAC y sobretodo de Pep, quien le invitó al primer pase de montaje que hicimos en las instalaciones de ESCAC. Allí quedó fascinado del proyecto y nos comunicó que quería, sí o sí, convertirse en el colorista del documental. Y así fue como él nos introdujo a Antaviana. La verdad es que fue saltar varios peldaños en la profesionalidad del proyecto, de repente estábamos post-produciendo en una de las mejores casas de Barcelona y colorando los frames como si de cuadros se tratasen. El trato que recibimos fue de algodón y su profesionalidad fue impecable. Y fueron ellos, quienes me recomendaron al compositor del documental David Giró. David Giró, un compositor ya establecido, creyó en este loco proyecto de un puñado de jóvenes desde el principio, recuerdo que lo primero que nos dijo en la primera reunión (donde había visto ya una versión de montaje que le habíamos mandado) fue: “Lo vais a petar con esto”. Estaba fascinado con todo lo que veía y nos vino con una propuesta de muestra que nos convenció. Nos entendimos muy fácilmente a la hora de componer, con Néstor ya habíamos plantado muy concretamente los momentos musicales y el trabajo con David fue todo sobre ruedas. Volamos a Budapest para orquestrar la banda sonora original bajo la dirección y orquestación de Joan Martorell quien venia de la mano de David. Fue una experiencia inolvidable. De repente tenía frente a mí cuarenta músicos y treinta coros dando vida a la banda sonora de mi primer largometraje. David y yo estábamos en la sala de mezclas y en un momento dado me dijo: “ve abajo y ponte junto a Joan, ya verás, lo vas a flipar”. La experiencia fue extraordinaria. No recuerdo una experiencia musical más vibrante y emocionante que aquella, conocía las piezas y como quería que sonasen. Hablábamos con David y aplicábamos los cambios emocionales que nosotros queríamos y Joan se lo transmitía a la orquesta que en directo los aplicaban y la magia se hacia. Todos ellos son a día de hoy los profesionales con los que Limmat Films trata y por supuesto grandes amigos.


Still de 'Made in China'.

¿Cómo fue la participación de la ESCAC? Yo justo había terminado mis estudios para cuando quisimos emprender esta aventura, les presentamos el Teaser que habíamos hecho y rápidamente tanto Jaume Macià, Sergi Casamitjana como David Planagumà vieron el potencial del proyecto. Nos prestaron la cámara y los equipos de sonido para rodar y más tarde sus instalaciones para post-producir todo el diseño de sonido, locuciones y mezclas que se realizaron allí de la mano de Anxo y Dani Zacarías. Estuvimos un largo tiempo ocupando gratuitamente sus instalaciones y jamás recibimos un no por respuesta. ¿Y fue difícil conseguir la financiación para una película que sería rodada íntegramente en China y con temática china? En otras palabras, no española.  Lo cierto es que sí, por no decir imposible en nuestro caso. Creo que la industria audiovisual española (y también la catalana en nuestro caso) sigue muy cerrada a producir, financiar y comisionar un producto de impacto casi exclusivamente nacional. Las barreras lingüísticas, temáticas y ambientales siguen siendo insuperables para proyectos como “Made in China” y para más inri era mi primer largometraje como director y la primera producción de nuestra productora Limmat Films. Muy pocos confiaron en nosotros. Por ello ha sido un proyecto que ha costado tanto esfuerzo levantar, pero todos teníamos claro que nada nos iba a frenar y que lo íbamos a sacar adelante pasase lo que pasase y con la mayor de las calidades posibles. Creo también que “Made in China” nació en un momento donde el cambio del nuevo modelo cinematográfico que está viviendo la industria mundial no era tan claro y, tal vez, con las nuevas dinámicas de consumo cabe la esperanza a aspirar a ser parte de una industria mucho más global, donde las historias no tengan barreras nacionales, lingüísticas y culturales.


Chica tuvo que recurrir a una campaña crowdfunding para sacar adelante parte del proyecto.

Y una superados los obstáculos, ya en China, ¿cómo fue el rodaje? Digo, siempre es interesante el proceso de guionización de un documental… te vas con tu guión “bajo el brazo” pero al llegar a la locación hay una realidad que no puedes alterar tan fácilmente, como lo harías con la ficción, para contar la historia que querías contar al principio. ¿Hay mucha distancia entre la idea original y el resultado final? El proceso de guionización de un documental está abierto hasta el final de su producción y este no fue un caso diferente. No hay que olvidar que a pesar de tener una estética muy “de ficción”, 'Made in China' parte de un rodaje 100% documental observacional. Jamás intervenimos en las escenas, ni las dirigimos, ni las hicimos repetir. De hecho, no teníamos a ningún traductor en el equipo y nadie sabia Chino a nuestra llegada allí, yo aprendí la lengua al tiempo que rodábamos el documental y esto también marcó mucho mi mirada. En un primer momento, el protagonista no era Yu Liang Yuan, sinó su padre Yu Ting Yong. Pero al momento de llegar allí, descubrimos la historia de Yu Liang Yuan (Yu Tou para los amigos) y a mitad del rodaje decidí dar un golpe de timón y cambiar mi protagonista. Fue una decisión muy complicada que me llevó unos días de reflexión e incluso pesadillas por la noche. Yo jamás había rodado un documental largometraje y tampoco me había enfrentado a algo así. Si cambiábamos nuestro protagonista suponía desechar horas de material rodado y correr el riesgo de volver a España con algo que fuese “ni chicha ni limoná”, pero un día en el que el padre cumplía una promesa supersticiosa hecha a sus antepasados para que estos le diesen suerte a su hijo en su futuro compromiso, que consistía en cerrarse todo un día en casa sin tener contacto con nadie (un confinamiento duro), pasamos todo el día rodando exclusivamente al hijo, y allí rodamos una de las que hoy, es de mis escenas favoritas del documental. En ese mismo instante, supe a ciencia cierta que ese, era mi protagonista. El resto de la historia es nuestro documental.


Yῡ Liang Yuan, protagonista de 'Made in China' en un still del documental.

La historia de Yu Liang Yuan se nos presentó casi como un regalo de los cielos. Nosotros nos enteramos de que se iba a comprometer en esas fiestas de año nuevo en el momento en el que emprendimos el viaje, y todos los consiguientes desafortunados acontecimientos, se sucedieron justo llegar al pueblo. Pero más allá de estos sucesos que se acontecían ante nosotros, algo mucho más interesante se empezaba a gestar al tiempo que rodábamos. Yu Liang Yuan estaba empezando a cambiar su forma de pensar. Teníamos a una persona real, haciendo un arco de personaje cinematográfico. Recuerdo que poco antes de que decidiese cambiar de protagonista, Yu Tou y yo nos sentamos sobre uno de los tantos túmulos funerarios que se esparcen en el paisaje de la china rural en los márgenes de campos, huertos y patios. Pep y Anxo estaban tomando recursos de imagen y sonido y Yu Tou y yo charlábamos (como buenamente podíamos, pues él no sabe hablar inglés y yo estaba aprendiendo el chino). En ese momento, el miró a mis dos compañeros y me dijo: “Me acabo de dar cuenta de que, vosotros, que venís aquí con vuestra cámara y los aparatos de sonido, estáis haciendo de vuestro sueño una profesión. Yo nunca pensé que eso fuese posible”. Entonces yo, ingenuo de mí, le pregunté: “¿Y cual es tu sueño?” a lo que me respondió: “No lo sé, acabo de descubrir que puedo tener sueños”. Ese fue uno de los grandes detonantes que lo convirtieron en mi protagonista. Su historia, no era la misma que la de sus amigos o compañeros, su historia era única, estaba empezando a remar a contracorriente respecto al resto de su país y eso me fascinó.



Prácticamente, a la par de 'Made in China' también has estrenado 'Esser', un corto de ficción que tiene que ver con el anterior en que también está protagonizado por un chico muy joven. ¿Qué  tienen en común un joven chino y un joven catalán?  Ambos proyectos hablan de algo muy parecido y es el proceso de conocerse a sí mismo, y cómo un momento muy concreto en nuestras vidas nos pueden cambiar para siempre. Y la juventud y la adolescencia son momentos donde esto puede darse de una forma que nos puede cambiar para siempre. Lo cierto es que por sorprendente que nos parezca un joven chino y joven catalán o español tienen mucho en común. Prácticamente todo. Haciendo “Made in China” descubrí que, a pesar de nuestras diferencias culturales, imposibles de homogeneizar en una “cultura global”, compartimos un 99,9% de similitudes, sobretodo en el plano emocional. Y que comunicarse a veces es mucho más sencillo de lo que podría parecernos. Si tenemos la voluntad de entendernos, es posible que un joven catalán y un joven chino sin ningún idioma en común empiecen a entenderse y compartan emociones.


'Made in China' llega en un momento donde el país se ha convertido en la primera potencia mundial, ¿cómo crees que afectará ésto la cultura occidental? Mucho, y por ello creo que es tan necesario este documental. Creo que en occidente estamos completamente de espaldas de la realidad que nos rodea y vivimos. Creo que todos los países de lo que se conoce como “el mundo occidental” o el mal llamado “primer mundo” tenemos todos (y me incluyo el primero) una idea profundamente enquistada en nuestra concepción del mundo que es extremadamente peligrosa. Una idea, que voy a exponer a través de una metáfora casi de cuentecito bíblico: tenemos la concepción de que un día bajó Dios, nos tocó en la cabeza y nos dijo: "vosotros, mundo occidental, sois y vais a ser siempre los de arriba, el primer mundo, "mi pueblo escogido", y el resto, bueno… pues será siempre el resto. Los de abajo, los pobrecitos de siempre. Y este es el orden natural que dicto y que nunca se romperá".

Creo profundamente que, por desgracia y de forma inconsciente, todos tenemos esa idea, ¡y ojo! no estoy diciendo que estemos de acuerdo con esta idea, ni mucho menos, pero está claro que, por desgracia, y la historia nos lo ha demostrado una y otra vez, para que unos estén arriba, siempre habrá otros que deban estar a bajo. Y nosotros, somos incapaces de imaginarnos abajo y esa es una irrefutable realidad. En este sentido, creo que china nos va a dar una gran lección de humildad, es una potencia hoy en día imparable e irrevertible. Hace ya más de una década que estamos viviendo este giro de los polos de poder, pero hemos sido incapaces de identificarlo, enmascarándolo bajo esa especie de mano negra a la que hemos llamado “crisis”.


China en un still de la película.

Si hay algo que destaque del documental - esas nominaciones al Goya no son gratuitas - es la cuidada y exquisita puesta en escena. Podría recordarnos a cualquier película de Wong Kar-Wai, por ejemplo...  pero sigue siendo un documental. ¿Cómo hiciste para que ésta película fuera un documental y no se convirtiera en una ficción?  Se ha demostrado que esto es, sin lugar a duda, una de las mayores y más llamativas características de “Made in China”, siendo al mismo tiempo su mayor bendición y maldición. Como he indicado antes, aquello que lo hace documental es esencialmente el proceso de rodaje, la obtención y el origen del material. Jamás intervenimos en ninguna de las escenas, principalmente porque en muchas de las ocasiones ni tan siquiera éramos conocedores de lo que se estaba diciendo. Es cierto que yo aprendí chino durante la producción, pero en la mayoría de las escenas de la película ni tan siquiera se hablan chino mandarín, sino un dialecto que sería, para entendernos, una especie de catalán de allí. (y a parte mi nivel no era lo suficientemente bueno como para seguir conversaciones animadas). Y fue precisamente esto, que podría parecer una temeridad imperdonable, lo que resultó ser una de las mayores virtudes del documental. De repente, los tres tíos que ahí estábamos, Pep a la cámara, Anxo al sonido y yo, nos convertimos para las personas que estábamos retratando en poco más que tres muebles con patas. Dándole así una extraordinaria libertad que ellos sentían al darse cuenta de que podían hablar de lo que quisieran que no les estábamos entendiendo, dando lugar a una frescura y naturalidad impensables. Lográbamos incluso poner la cámara a escasos dos palmos de la cara de alguien sin que se inmutasen lo más mínimo.

Al mismo tiempo, esto me permitió extraerme de la necesidad de cubrir inmediatamente la información y centrarme en una dirección “por sensaciones”. Buscábamos las emociones de los personajes y allí poníamos la cámara y el foco. Y fue en la sala de montaje donde descubrimos que habíamos apostado y habíamos ganado. A parte de algunos dramas que Néstor supo superar estoica y victoriosamente, la cámara solía estar donde tenia que estar, en el momento en que tenía que estar y como tenía que estar, y fue eso, sin lugar a duda, nuestro mayor regalo. Hay que recordar que únicamente contábamos con una cámara y que ello supuso un reto a la hora de crear escenas y secuencias hoy montadas en plano contra plano al modo de una ficción o un multi-cámara. A todo esto, le sumamos que el montaje fue un proceso enfocado mayormente a estructurar de forma fiel y cronológica esta historia dentro de los parámetros típicos del guion de ficción, con su “llamada a la aventura”, su “mid point”, su “punto de no retorno” o su “arco de personaje”. Todo un reto que creo que el film ha logrado con creces. Y todo esto ha tenido un impacto muy interesante sobre el público. La mayoría de las veces no están leyendo la película como un documental con parámetros narrativos de ficción, sino como una ficción-documental o incluso una ficción. Para nosotros eso no es nada malo en términos creativos, al contrario, nos llena de orgullo al haber logrado convertir un material documental en algo que podría leerse como una ficción, pero es cierto que a veces esto lo ha hecho difícil de calificar dentro de los recorridos comerciales y de festivales, al tratarse de una pieza, por decirlo así, poco ortodoxa.



Hoy día, el documental artístico o de autor permite mucho el juego con la ficción, como ha pasado con prácticamente todas las películas nominadas éste año, y cito a 'My Mexican Bretzel', por ejemplo. Pero, ¿crees que pueden seguir llamándose documental o consideras que deberían comenzar a repensarse como un nuevo género? Es una pregunta muy interesante, de la cual creo que no tengo una respuesta clara. Es cierto que existe el documental ficcionado y la ficción documental, géneros que siempre han estado entre dos aguas y de las cuales no considero que “Made in China” forme parte. Creo que el documental es un tipo de narración en si mismo que en ocasiones se ha englobado, erróneamente, bajo el calificativo de un “género”, pero que tiene un sinfín de géneros en su interior. La industria ya ha identificado a muchos de ellos, "current affairs", "de autor", "histórico-civilización", "naturaleza"… pero creo que el tipo de narración de la que 'Made in China' forma parte está aún muy diluida. Nosotros mismos hemos tenido problemas para encajarla en una de las casillas ya existentes. ¿Es “Current Affairs”? En parte sí, pues retrata el mayor conflicto social que existe actualmente en China, pero tal vez no es lo suficientemente “current affairs” que se esperaría. ¿Es de autor? Claramente sí, pero se enmarca en una narrativa, tono y estilo que poco encaja con el documental de autor al uso… ¿Es factual? También podría considerarse estéticamente factual… Hay muchos nuevos documentales como “Made in China” que creo que se están estableciendo en una nueva forma de entender el documental y que poco a poco encontrarán su lugar. ¡Seria emocionante pensar que formamos parte de un género que aún está por establecerse! Y ahora, Marc, en qué proyecto andas, ¿piensas seguir en el documental o explorar más profundamente la ficción? La verdad es que ando un poco con un pie en cada lado. Dentro de poco estrenaremos otro documental, “Pilotos”, de Pep Santiago, que hemos coproducido con TV3 y donde esta vez actúo como productor, aunque creo que he dejado también una impronta creativa. En este sentido también he producido “The Pill”, de Louise Brix Andersen, un cortometraje coproducido entre EEUU y España en mitad de la pandemia que vamos a estrenar dentro de poco. Por otro lado, el proyecto más grande que tengo entre manos es “PHARAOH”, un proyecto de serie épico-histórica ambientado en el antiguo Egipto y que estoy desarrollando con la prestigiosa egiptóloga británica Joann Fletcher. Este faraónico proyecto lo presentamos por primera vez a la industria en los pitches del Conecta Ficción 2020 y actualmente nos encontramos dando pasos al frente, lentos pero firmes, que esperamos culminen en un éxito no muy lejano.


Por otro lado, junto a Joann, estamos desarrollando “The story of the dead: with Joann Fletcher”, una serie documental dentro del género de historia-civilización que esperamos vea la luz muy pronto. Finalmente, estoy desarrollando un proyecto de ficción, coescrito con Adrià Guixens, nuevamente ambientado en el lejano oriente en el contexto histórico de la guerra sino-japonesa en concreto entre los años finales (1944-1945). Y, por supuesto, hay un montón de ideas sueltas y en fases primigenias de desarrollo que van cogiendo más o menos forma según el momento, pero estas son las principales que actualmente ocupan mi tiempo. Como realizador, ¿qué historias te interesa contar? Me apasionan las historias que rompen o marcan a un personaje para el resto de su vida. Aquellas que les ponen contra las cuerdas y acaban con el mundo que conocían para llevarlos irremediablemente a uno nuevo. Todas las historias que tengo entre manos ahora mismo beben de estas ideas y de temas que me obsesionan, como conocerse a uno mismo, el miedo a la muerte o el sinfín de cambios de rumbo que la vida puede tomar a partir de una única causa. Por otro lado, me apasionan los contextos históricos, soy un gran amante de la historia y dedico largas horas de mi tiempo libre a estudiarla, de ahí surge algo como 'Pharaoh'. Creo que la historia no siempre está bien tratada en el cine, pero cuando si lo está da obras maestras como “El último Emperador” (1987), “El nombre de la Rosa” (1986), “Barry Lyndon” (1975), “Novecento” (1976), “Érase una vez en américa” (1984) o la saga de “El Padrino” (1972-1974-1990), o incluso películas como “Titanic” (1997). Pero si nos fijamos, todos estos ejemplos son de una historia relativamente reciente, es por ello, que creo que es necesario revisitar nuestra historia más antigua y por primera vez, tratarla con el respeto del que estas grandes obras mencionadas han sido capaces.


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