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El arte de Alexander Muradas

En lugares abandonados o paisajes al aire libre, el brasileño de origen neoyorkino Alexander Muradas crea un universo fotográfico inspirado en el surrealismo.



Nacido de padres brasileños en Manhattan, Alexander vivió en los Estados Unidos durante 20 años y, durante este período, estudió en las mejores escuelas de arte y fotografía de la gran manzana, donde comenzó su trabajo como fotógrafo en 1990. En 2000, Muradas se mudó a Brasil y, desde entonces, se ha convertido en uno de los mejores fotógrafos del país.


La técnica clara y oscura de la pintura de Caravaggio inspira la iluminación de sus fotografías y el universo surrealista de sus composiciones. "Utilizo la metáfora de la oscura cámara de Caravaggio para crear la iluminación y, sí, hacerla un poco surrealista, fantástica", comenta Muradas. La técnica es antigua y fue ampliamente utilizada por pintores renacentistas en el siglo XVIII.



Muradas combina lo secular con las tecnologías contemporáneas. Las imágenes se trabajan en la computadora para que el autor pueda reproducir el número de personajes en la escena. Una modelo, por ejemplo, puede aparecer seis veces en la misma fotografía con diferentes ropas, gestos y actuaciones. La confusión causada por la repetición de una cara en diferentes situaciones en el mismo espacio ayuda a crear la atmósfera surrealista imaginada por el fotógrafo.



La mezcla de inocencia con lo profano es otra característica de las imágenes de Muradas. Hay monjas que se ocupan de desnudos y modelos con ropa rígida, con accesorios religiosos y actitudes eróticas. “Todos tenemos un poco de inocencia y un poco de profanos. Me gusta que la persona se presente frente a la imagen y piensen en ello, en que todos somos un poco buenos y malos ”. Quizá por esto, ninguna de sus fotografías tiene título, una estrategia para dar al observador la libertad de construir su propia narrativa a partir de referencias personales.



El cuidado de eliminar referencias temporales y geográficas también proviene del deseo de dejar el campo libre para la imaginación. "En general, uso lugares abandonados y neutrales, para que las personas no identifiquen dónde sucede la acción, de modo que puedan, precisamente, entrar en este mundo surrealista", advierte el fotógrafo.



Cuando llega a los lugares elegidos, Muradas ya tiene las historias que contará en las fotografías en su cabeza. Una buena parte de estas narraciones, las encuentra en la vida cotidiana. "Hay algunas cosas que son autobiográficas o inspiradas por la realidad actual, pero vistas siempre como si todo fuera un sueño".



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