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Carlos Barea: somos una sociedad que se siente más cómoda sometiendo que incluyendo.

El próximo 22 de junio llega a las librerías 'Bendita tú eres', un relato con tintes de novela iniciática que gira en torno a la búsqueda forzada de la identidad y en donde se mezcla el imaginario católico con elementos de la cultura popular.



Ángela es una monja que ha sido expulsada del convento en el que ha estado viviendo durante más de 30 años. El motivo del destierro no es otro que el descubrimiento de un secreto que llevaba guardando durante décadas. Una vez fuera, se refugia en un pequeño piso del barrio de Lavapiés, lugar desde el que tendrá que volver a aprender a vivir sin la disciplina de una congregación.


Este es el punto de partida de Bendita tú eres, ópera primera del escritor y activista cultural Carlos Barea con quien tuvimos el inmenso placer de conversar mientras se prepara para su lanzamiento.


Carlos, muchas gracias por aceptar esta entrevista para Liceo Magazine... entendemos que te estás bautizando —para comenzar a hablar ya en términos religiosos— como escritor, así que esperamos vengan muchas entrevistas más. ¿Cómo te sientes con el inminente lanzamiento de Bendita tú eres?


Bueno, en realidad mi bautizo oficial fue en noviembre del año pasado, ya que participé en la antología 'Vagos y maleantes. Nuevas voces maricas' con el relato 'Torbellino de colores'. Si que es verdad que ahora me estreno de forma individual y eso da mucho más miedo. Ahora ya no vale esconderse entre un puñado de relatos de otros compañeros —maravillosos, todo sea dicho de paso— y tanto si sale bien, como si sale más, es solo responsabilidad mía. Así que tengo una mezcla de sentimientos: estoy tranquilo porque ya me estrené en pequeña escala, pero nervioso porque ahora estoy dando un salto sin red.


¿Qué tan difícil publicarla?


Cualquier proceso editorial, si lo haces con cariño y con ciertas exigencias de calidad, resulta complicado. Yo tengo la suerte de haber contado en todo momento con el apoyo de la editorial Egales que, cuando se leyeron el manuscrito por primera vez, me dijeron que les había encantado, pero que había algunas cosas que les fallaban. Así que en un momento en el que había dado la historia por cerrada tuve que volver a abrirla en canal, cuestión que es un poco complicada para el ego de un autor. Pero, ojo, lo hice porque me abrieron los ojos y me hicieron ver que la historia podía ganar mucho más —que así fue, de hecho—. Frente a la idea del escritor solitario, yo soy muy partidario de la participación colectiva: escuchar opiniones ajenas para enriquecer las historias.


'Bendita...' está llegando en un momento doblemente especial. Por un lado, es el mes del orgullo, pero que este año será eminentemente "virtual" debido al Covid 19. En esta temporada de confinamiento, los creativos han utilizado más que nunca las redes para llegar a su público. 'Bendita... ' incluso tiene su cuenta de Instagram, algo imposible de imaginar en los tiempos de Sierva María de Todos los Ángeles ('Del amor y otros demonios', Gabriel García Márquez, 1994). ¿Consideras que para el escritor de hoy día es tan importante conocer las normas de la narrativa tradicional, como la de las redes sociales?


Siempre ha sido necesario venderse. Tanto si vas a una entrevista de trabajo para ser teleoperador, para presentar un libro a una editorial o para vender aspiradoras de casa en casa. Eso sí, ahora, con el auge de las redes sociales, todo se ha democratizado tanto que ya no necesitas depender de nadie para llegar a un montón de gente. Esto tiene una doble vertiente: facilita el acceso cargándose las jerarquías comunicativas que han existido hasta ahora, pero también la calidad se ve afectada. Vamos, lo que viene siendo el eterno debate de apocalípticos e integrados, que diría Umberto Eco. Y yo te suelto todo este rollo para decirte que sí, que creo que en esta gran jungla del mundo literario es necesario manejar tanto el lenguaje “analógico” como el “digital”. Si no imprescindible, al menos es de gran ayuda.



Vayamos entonces al principio: ¿cómo surge la idea o la inspiración para la novela?


El origen de la historia es un poco frívolo, la verdad. Hace cuatro años emitieron en televisión un programa que se llamaba 'Quiero ser monja'. Yo me quedé fascinado con la idea de vivir en un convento, en esa tranquilidad infinita y paz interior. Así que de pronto, me imaginé la historia de una monja que, tras llevar toda su vida en la comodidad de un convento, se viera de repente enfrentada a la hostilidad del mundo exterior, que ni siquiera sabe cómo funciona. Así que pensé: “qué putada” y me puse manos a la obra.


Hay un conocimiento muy detallado —como debe ser para contar la historia de una monja— de la iconografía religiosa. ¿Cómo obtuviste este conocimiento?


Yo soy de un pequeño pueblo de Andalucía. Me crie allí en los años 80. Con esas condiciones resulta imposible huir del imaginario religioso, más si encima eres un niño mariquita pegado a las faldas de tu madre. Yo iba a misa todos los domingos, me confesaba, comulgaba y rezaba antes de dormir. Así que el "background" ya lo tenía. Ahora ya no soy creyente, pero utilizo lo religioso de otra forma. Si antes era por necesidad de salvación, ahora lo busco como cuestión performativa del arte. Es decir, yo quiero reapropiarme de toda esa imaginaría religiosa y reinterpretarla, que tenga un significado más allá de lo propiamente religioso. Despojarlo de todo lo malo —el fuego del infierno, las condenas, el arrepentimiento— y, si me permitís la expresión, "queerizarlo". Y si tengo que hablar de lo malo, que sea poniendo en evidencia que, al fin y al cabo, es únicamente eso: ficción. Pero, oye, que esto no es nuevo, ya lo hizo muchos años antes mi admirada Ocaña, que paseaba a una virgen de la Macarena hecha de papel maché por las Ramblas de la Barcelona de los años 70.


Es difícil preguntarte sobre la novela sin hacer "spoiler". Aunque la premisa "monja expulsada de su convento que termina en Lavapiés" es bastante atractiva —de hecho, es la razón por la cual estamos aquí—, el por qué de dicha premisa es bastante explosivo. Sin embargo, parece que quieres mantener el misterio, ¿será siempre así o revelarás el "plot" completamente más adelante?


Pues me gustaría mantenerlo en secreto todo lo que pudiera, aunque creo que será difícil. Sobre todo, porque el misterio aparece en las primeras páginas de la novela. Pero quiero aclarar que no es por una cuestión comercial, sino porque creo que la historia gana mucho más si no se vende con esa premisa. Al fin y al cabo, lo importante de la historia es que es una monja que ha sido expulsada, independientemente de sí es por ser LGTBI o porque la hayan pillado traficando con cocaína. Yo creo que lo importante es poner el foco en la búsqueda de la identidad cuando ya has cumplido los 50 años y cuando, encima, estás inmersa en una organización en la que la identidad no existe —todas visten igual, hacen lo mismo, rezan lo mismo y comen lo mismo—.


Es maravilloso el contraste "convento/Lavapiés". ¿Por qué elegiste justamente este barrio para reflejar el cambio de la vida de tu protagonista?


Primero porque es mi barrio favorito de Madrid y, digamos lo que digamos, los escritores somos bastante egocéntricos. Aunque esté hablando de una monja de 50 años expulsada de un convento, en el fondo, estoy hablando de mí. También elegí Lavapiés porque es un barrio multiétnico y multicultural y contrasta muy bien con el ambiente aséptico de un convento. Imagínate salir de la tranquilidad y meterte, por ejemplo, en el bullicio de la calle Argumosa, con sus terrazas, su gentío y su escándalo. Además, conozco muy bien el barrio y como quería que, en cierta forma, fuera un personaje más de la novela, me permitía mover a Ángela por sus calles a mi antojo.


Es muy interesante cuando dos mundos prácticamente opuestos en el inconsciente colectivo —como lo son la religión y la vida LGTBIQ+— se encuentran. Tenemos resultados maravillosos en el cine, como sucedió con Almodóvar en aquélla oscura 'Entre Tinieblas', y si nos vamos a los orígenes de los conventos tenemos en el teatro la historia de la Monja Hrotsvitha o en la poesía a Sor Juana Inés de la Cruz. Hace poco conversamos con Ricardo González quien a propósito de la cuarentena rodó 'Los Pecados de Dios', un filme experimental mezclando igualmente estos tópicos... pero, volviendo a la pregunta, es interesante porque no es muy usual. ¿A qué crees que se deba?


Es un poco complicado unir unos mundos que se supone que, por naturaleza, están completamente separados —aunque en la práctica sea diferente—. Aunque sí hay más de un ejemplo en la ficción. En la película de 1985 'Extramuros' tenemos la historia de dos monjas lesbianas —Mercedes Sampietro y Carmen Maura— que se inventan que una de ellas entra en éxtasis para salvar a su convento de la ruina. En la época fue un escándalo terrible e incluso algunos cines se negaron a proyectarla por cuestiones de conciencia. También tenemos la historia de 'La monja alférez', que se ha llevado al cine en dos ocasiones: una versión mexicana, interpretada por María Félix, y otra española, con Esperanza Roy. También en mayo Paul Verhoeven, el director de Instinto Básico y Showgirls, estrena 'Benedetta', sobre dos monjas lesbianas. A ver qué tal está. Es difícil tratar con respeto lo religioso y, al mismo tiempo, hablar de una cuestión LGTB. Yo creo que en mi novela lo he conseguido. Aunque, eso sí, hablar con respeto no significa no criticar. Y, por cierto, estoy deseando ver ese trabajo de Ricardo González, su documental 'Maricones: El cine de els 5 QK’s' me enamoró.


¿Cómo piensas que podría reaccionar la Iglesia Católica ante la publicación del libro?, ¿Has recibido ya algún tipo de "feedback"?


No creo que la Iglesia se meta en estos temas, ahora está en otras cosas. Además, quizá les podría molestar más una obra en la que se hable claramente de pederastia, de violaciones o de monjas que abortan, yo que sé. La crítica a la Iglesia en mi novela no es explícita, sino que hay que leerla entre líneas y dudo mucho que una institución a la que se le ha colado tantos goles con la censura —no olvidemos que en la censura franquista siempre había algún cura en el comité— sea capaz de detectarla aquí y preocuparse por ella.



Carlos, podríamos llamarte un activista muy intelectual, incluso tienes un máster en estudios queer que lo legitima, ¿cuál consideras que es la mayor batalla que enfrenta la comunidad LGTBQ+ en este momento?


Creo que la mayor batalla es identificar cuál es nuestra batalla. Como diría mi admirado Ramón Martínez, uno de los pensadores LGTB contemporáneos más importantes que tenemos ahora mismo, el principal problema que tenemos actualmente en el activismo es la ausencia de ideología y la falta de metas. Así que creo que el rearme del movimiento, máxime ahora que tenemos una ultraderecha más decidida que nunca, debería pasar por cinco pilares fundamentales: la atención al entorno rural —en los pueblos hay mucho trabajo por hacer—, la transversalidad —buscar aliados en otros colectivos, más allá de los de diversidad sexogenérica—, el refuerzo de la cultura —es un arma potente de transformación social—, la atención a la memoria histórica —el pasado es el cimiento de la historia y nosotros debemos prestarle toda la atención si queremos crecer con solidez— y la intervención en el entorno educativo —creación de programas de desarrollo que enseñen desde bien pequeñitos la diversidad de la sociedad y el respeto hacia ella—.


¿Qué opinas sobre este resurgimiento de la extrema derecha en España, que sin duda alguna amenaza con abolir todos los logros de la comunidad LGTBQI+ de la era democrática?


Bueno, esta pregunta podría dar para una entrevista completa, pero a grosso modo diré que creo que necesitamos hacerles frente desde una perspectiva intelectual, no emocional, como hacen ellos. Mucha gente me pregunta si eso es eficaz y yo te digo que no lo sé, la verdad. Hemos tenido una dictadura fascista durante 40 años, así que lo mismo estoy equivocado. Pero lo que sí tengo claro es que si te comportas como lo que criticas te conviertes en eso y tu discurso se invalida automáticamente. Debemos hacer una labor pedagógica, evidenciar que no se llega a ningún lado odiando al colectivo LGTBI, a inmigrantes y sometiendo a las mujeres. Si aún con ese trabajo sigue triunfando la cultura del odio, debemos plantearnos si, a lo mejor, el problema es que somos una sociedad que se siente más cómoda sometiendo que incluyendo y al final tengamos que meternos en un convento para vivir con un poquito de tranquilidad.



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